martes, 20 de diciembre de 2011

Medea, "mujer de armas tomar"

Hoy vamos a hablar de una mujer importantes en la historia de la literatura en la antigüedad clásica donde aparece con un fuerte carácter. Medea nos acerca al mundo griego con su autor Apolonio de Rodas.


El libro tercero de las Argonaúticas (libro en el que aparece Medea) tiene como único escenario la Cólquide y comienza con la invocación a la Musa del amor, lo que hace a la epopeya tener un carácter erótico en lugar del heroismo guerrero de la épica tradicional a la que estamos acostumbrados, al estilo de Aquiles por ejemplo y demás heroes griegos. La manera que tiene de empezar nos recuerda a nuestro Homero, donde también comienza invocando a la Musa para que hable por él y consiga esos poemas tan maravillosos. Son muchos los elementos que enlazan con otras fuentes: recordamos la Pítica IV de Píndaro, los Colquidios de Sófocles, incluso pensamos en la Orestiada de Esquilo, la Medea de Eurípides y la Eneida de Virgilio, estas últimas más conocidas para nuestros alumnos y trabajadas en clase. Parece ser que el autor latino Virgilio pudo haberse inspirado en la obra apolínea, para perfilar el carácter de Dido, una mujer con también un fuerte carácter, y que se mueve por el amor que le tiene a Eneas, protagonista de la Eneida.

Cabe destacar la significativa evolución del carácter de los personajes en la obra de Apolonio, en especial, del carácter de Medea. La tensión dramática va aumentando, por ejemplo, en las escenas que transcurren en el Olimpo. El Olimpo es la montaña más alta de Grecia, donde se creía que habitaban los Dioses Olímpicos. Por tener esas nieves perpetuas y ser tan elevado, todo esto llevaba a pensar a las gentes de Grecia en su origen mitológico y especial, donde algo había escondido, aquí, como estabamos diciendo las diosas Atenea, Hera y Afrodita maquinan una estratagema para que Medea se enamore de Jasón y así le ayude a superar las pruebas que le llevarán a la obtención del vellocino de oro, (la historia de Jasón y los Argonautas, la trataremos en una posterior entrada dentro de algunos días, así que estar pendientes para no perderla!). La acción se desencadena con la flecha mediante la que Eros alcanza a la hechicera Medea, y, a partir de ese momento, la tensión dramática irá en aumento hasta el cumplimiento de la prueba por Jasón, y la caracterización psicológica de Medea se irá perfilando a medida que la pasión amorosa crece hacia el héroe, pero recordemos que es infundida por el dios, al contrario que pasaría con Dido, que es un amor natural de ella hacia él, sin ninguna fuerza divina.

Pero la personalidad de Medea no se agota en el libro tercero de las Argonaúticas, ni tampoco en el cuarto, cada vez será mayor. Ya Eurípides, en el s. V a. C. había presentado a nuestra heroína con uno de los caracteres más fuertes y más claramente definidos, tanto de su tragedia, como de toda la tragedia antigua. Medea representa el profundo sentimiento de odio que la mujer despechada concibe contra su marido. Eurípides pone en escena a los dos protagonistas en actitud irreconciliable: Jasón es el traidor que ultraja a su mujer: de nada vale la justificación de haber traido a la civilización a la bárbara hechicera Medea, ni de querer asegurarse el porvenir de sus hijos con la nueva boda. Medea incluso, asesina de sus hijos, a su propio hermano, todo por conseguir lo que quiere, vemos una mujer que calcula y modifica sus planes según su conveniencia y los impulsos de sus sentimientos.


Ambos personajes, tanto Medea como la Dido de Virgilio, aparecen como víctimas de su respectiva situación, una situación sin salida provocada por la arbitrariedad de los dioses, elemento común en el mito griego que se recoge también en la tradición latina, todo desde diferentes aspectos pero un punto común, el amor. 



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